Saturday, 21 January 2017

De apegos y desapegos




El desapego está de moda. Se nos dice que no sólo es posible, si no deseable el adecuarse a un estado mental 'vacío' - exento de estímulos externos. Lo irónico es que las funciones inconscientes, físicas, emotivas, sexuales y egoicas del cuerpo representan el apego en si mismo. 
El inconsciente es el sotano de los arquetipos colectivos y las vivencias infantiles, mientras que el cuerpo es una maquinaria que debe su desempeño al mundo exterior que lo mantiene. Así mismo, las emociones no sólo se disparan cuando sostenemos ciertas ideas a las que se han aparejado, si no que además son mecanismos de supervivencia y adaptación al medio ambiente, cuya existencia antecede por mucho al desarrollo de la mente y sus designios identitarios. En esa linea, el ego es una herramienta que sólo opera mediante la onerosa identificación con símbolos, letras, palabras y frases, que en un sentido están inscritas en nuestra consciencia. 
Y que decir del DNA que nos compone, ese historial de apegos certificados y pegados que sostiene la escalera en espiral que prolonga lo que somos, recuerdos archivados de nuestro largo y arduo camino como especie. De la sexualidad no hay mucho que decir en cuanto al desapego, ya que en si representa una de las actividades más apegadas, ya que nos permite unir las semillas que generan la vida. La trampa biológica está puesta para todos, por eso es imposible e irresistible sucumbir a ella.
La vida es la unión de por los menos dos semillas o elementos. La materia, en ese sentido, es el resultado de un 'sacrificio ritual' de apegos. Y para asegurar esa continuidad física es que transformamos a los sentimientos en aferramientos con nombres y apellidos específicos, creyendo que entes particulares pueden darnos la libertad tan añorada.
En otras palabras, cualquier ejercicio de desapego es una difícil abstracción que contradice a nuestra naturaleza. Desconectar una parte de lo que somos en búsqueda de la trascendencia es negar una parte de lo que nos constituye, acto ciertamente dirigido por un ego afanoso de comodidades espiritualistas. 
Ulteriormente, el amor es un concierto de apegos y presencias, mientras que el desapego es un forzoso ejercicio de dualismo egoico, donde la parte material de nuestra existencia debe ser superada y reprimida para dar rienda suelta a una mente supuestamente abstracta y racional, que sabemos tarde o temprano termina comiendose a si misma en eterno aburrimiento platónico de auto validación. 
Por eso mejor escojamos los apegos que nos ayuden a crecer y ser mejores, convirtiéndolos en dignas causas para aligerar el sufrimiento que forma parte de nuestra existencia.




El verdadero respeto implica enfocarse en la persona actual que tenemos enfrente, y no en el potencial que creemos puede desarrollar.
La raíz latina de la palabra respeto es 'respicere' -contemplación-, o sea, la habilidad de observar a la persona como es, consciente de su individualidad única. Respetar, en ese sentido, es permitirle al otro crecer y desenvolverse a su manera y no como queremos que lo haga.
Haciendo esto nos quitamos el papel de transformadores y salvadores de nuestros hijos, amigos y parejas. Es mejor convertirse en sus admiradores, contempladores y verdaderos acompañantes, a esperar a que cambien para darnos gusto. 

Respetémos lo que somos y nuestros proyectos, así evitaremos proyectarle a los demás nuestras frustraciones, expectativas y prisas insatisfechas.



El verdadero amor platónico es la comunión de dos autenticidades, dos luces que no se andan buscando lados para hacerse sombras, porque ya son lo que quieren ser.
Somos polvo de estrellas prestado que viene de paso, que en un soplar del viento se nos arrebata de la mesa, cual pimienta que no supo condimentar.

Quítense ese rollo de que el amor ideal excluye al cuerpo, las ramas, las células, los troncos, las venas, las hojas, los huesos, las obscuridades y los subconscientes. 
Usen todo lo que esté a su disposición para iluminarse mutuamente el camino, que el amor es luz y no perfeccionismo venidero.

Sunday, 1 January 2017

La brocheta del tiempo




Pirotecnia, ruido, gritos, basura, todo para celebrar cambios en calendarios artificiales alejados de los ciclos naturales, cambios de fecha que nos refuerzan la línea de tiempo que controla nuestras vidas.
Tenemos esa costumbre de postergar nuestros deseos presentes y transformaciones urgentes, que sabemos se exigen para hoy, así dejándolas para un futuro incierto envuelto de dígitos proyectados. Creemos que depender del tiempo contado, con la certeza de su numérica continuidad, es mejor que observar lo que nos rodea, esa mina de oro que es la naturaleza con sus múltiples y permanentes ofertas de enseñanza cíclica. "Ponte el reloj", nos dicen, y eventualmente recibirás lo que mereces, aunque eso sea muy lejos allá en un futuro prometedor.
Sustituimos la satisfacción de lo inmediato y lo cotidiano por el afán de la salvación del mañana, ya que la promesa de la línea de tiempo -que nos atraviesa la carne como brochetas prensadas- es mucho más seductora y tangible que los ciclos de la vida, esos que nos nutren de los pies a la cabeza.
En esa línea, el invento más poderoso del patriarcado no fue ni el matrimonio ni la supuesta democracia, si no esa temporalidad perpetua que organiza la vida de la sociedad, así arrebatándonos esa individualidad que nos acerca a la esencia de nuestro ser. Nos dieron identidad a cambio del ser, ya que sobre ésta primera es mucho más fácil montarnos el resto de las expectativas ajenas y colectivas llamadas 'cultura', tristemente el más grande e inconsciente obstáculo a la plenitud como personas.
Nos quitaron el gozo y la conexión con los elementos que nos alimentan -agua, aire, tierra y fuego-, los cuales, si nos quitamos las prisas temporales y les ponemos atención consciente, nos indican la transformación constante de la cual somos parte. Por eso antes de la brocheta del tiempo los antiguos endiosaban a las fenómenos naturales, a sabiendas que eran estos, y no los dioses ni los hombres, los que determinaban la supervivencia y la calidad de vida de la tribu.
La primavera entra con lluvia y las lunas nuevas y llenas a veces también nos sorprenden con humedad, mientras que el final y el inicio de los ciclos astrológicos se anuncian con una mayor iluminación y obscuridad, dependiendo del momento. Pero como ahora nos hemos convencido que prestar atención a esas 'pequeñeces' es una 'perdida de tiempo', mejor preferimos llenarnos de basura temporal y limitada para celebrarnos.
Te invito a que reclames tu identidad de ese tiempo lleno de expectativas que desde niños se nos implanta, línea que acaba siendo sobre la cual nos colgamos como ropa sucia de convencional lavandería. Recupera tu identidad de la hoguera colectiva que la atrapa, y en el proceso sintoniza con la intuición que emana de tu corazón, en búsqueda de esa autenticidad que te acercará cada vez más a ese ser que en esencia eres y con el que sueñas reconciliarte.
Ultimadamente, cambia tu rol y ciega participación como tuerca de la ferretería de la maquinaria colectiva por ese oficio que está más cercano a ti y que te distingue, el cual en máxima simpleza se convertirá en la base de tu aceptación personal, siendo esa la forma más simple y honesta de comunicación con otros, el compartirte desde la pasión de lo que eres.
Muere cada noche de luna para renacer con el sol de cada día. Vacíate y llénate de oportunidades para ser uno mismo siempre. Vacíate de identidad y rellénate de ser aquí y ahora.

Pero recuerda algo siempre. Eres la semilla nada más, no la lluvia que la fertiliza. Pon atención, y te darás cuenta lo que le corresponde a cada quien. A ti te toca actuar, y al universo y a su naturaleza devolver en honesta y transparente abundancia.

 

Saturday, 31 December 2016

Cruzada moralista



‘El fascismo que causa que amemos el poder y el deseo de dominación está en todos nosotros’ 
-Michel Foucault (1926-1984) filósofo francés
Narcotráfico rampante, polarización cultural, inequidad socio-económica, falta de movilidad social. Una combinación de estos y otros factores llevaron a México a la disfuncionalidad colectiva y a la dictadura.
Llega un punto en que la cultura misma es victimada, ya que practicas culturales que alguna vez fueron normales cuando imperaba la paz gradualmente se van moralizando, para con ello justificar los enormes gastos del aparato de ‘seguridad’ del Estado cruzado.
La moralización del espacio público es el resultado natural del abultamiento de la fuerza pública, que originalmente se despacha para combatir las amenazas a su gobernabilidad, pero que poco a poco   amplia y justifica sus funciones hasta la auto referencia autoritaria. La complejidad y el caos le convienen al Estado, que irremediablemente crece en atributos e imposiciones para el control social.
Este ‘conservadurismo autoritario’ ha sido una constante de la historia, y uno de sus efectos más característicos es que segrega a las comunidades en bloques dentro del espacio urbano. Asimismo, la propaganda mediática del miedo y los enemigos perpetuos aísla a los individuos, que terminan disociados en auto confinamiento, ahorrándole a la autoridad el gasto extra que tendría que devengar para lograr su acometido.
Evidencia de esto lo vemos en el Monterrey contemporáneo, que ha convertido a muchas de sus calles y demás espacios públicos en islotes privados, que raramente se comparten por temor al otro. En esta línea van las colonias cerradas mega vigiladas -cuasi prisiones-, que significan el triunfo de la desconfianza institucionalizada. Vivimos detrás de muros cada vez más altos, enredados con alambre de púas más puntiagudos, esperanzados en que las alarmas de tecnología de punta nos devuelvan la paz que extraviamos por tanta injusticia.
El umbral de la violencia ha aumentado como nunca, y nos hemos acostumbrado a cosas que en el pasado no toleraríamos ni un minuto. La mejor metáfora es la del caldo de las ranas, donde la temperatura aumenta lentamente, apenas lo suficiente para que estos anfibios no se percaten de las condimentadas que están las aguas en donde nadan.
La clave es entender que en este tipo de sistema el Estado ya no se encarga de todo, si no que es la misma sociedad la que internaliza lo que ve fuera, modificando su conducta de acuerdo a necesidades básicas de seguridad en el sentido maslowiano. O sea, que la gente sacrifica lo colectivo para priorizar su cuerpo, su trabajo, sus recursos, su propiedad y la moralidad propia y la de su familia. Básicamente nos dejamos llevar por el nivel emocional, desde donde se facilita el indoctrinamiento político y religioso, estructuras recurrentes en tiempos como estos de confusión y carestía.
Es así como se criminaliza a todo lo que ponga en riesgo a ese nuevo estadio emotivo, y es ahí cuando la autoridad se transforma en un padre, cuyo dispendio se torna indispensable para un crio afligido por la incertidumbre.
Y como es de esperarse, el padre fortalece su dominio al frenar las diferencias y el pluralismo, ya que sabe muy bien que la estandarización es más efectiva para el orden. Entonces se limitan los horarios nocturnos y las sustancias por nuestro bien, ya que el terror corresponde más a la noche que al día, periodo que han determinado como más productivo. Es así como el bar y el antro menguan, de forma similar y analógica a como los antiguos cultos mistéricos paganos griegos eran extirpados como tumores del cuerpo colectivo en pro del monoteísmo socio-político.
Y mientras desaparece la noche con ella se esfuma el protagonismo de los artistas e intelectuales –en si la cultura–, todos supeditados   al novedoso heroísmo militar-espartano que pulula las calles. El discurso del miedo ha alterado nuestra escala de valores, por eso ahora permitimos sin queja que se cree fanáticos castrenses a nuestra cuenta, mientras que ante nuestros ojos y en flagrante violación a la Constitución el ejercito patrulla las calles, y los retenes anti-alcohol -armados con alto calibre- paralizan la movilidad pública.
Vivir con miedo es no vivir. Estamos perdiendo la cordura a cambio del cortoplacismo intervencionista, y en el proceso nos hemos separado uno del otro, a la vez que se infla la cuenta pública exponencialmente.
Esta mano dura viene envuelta de espinas decoradas con apenas unas cuantas rosas, que perforan la esperanza de un presente de convivencia pacifica. La dictadura también es simbólico-moralista. Al frenar nuestros movimientos acabamos peleando el territorio y lo material de forma egoísta, auto-limitados como el arcaico y árido reptil que alguna vez trascendimos.

El chavo del ocho y el imaginario cultural mexicano



‘ ¡Ay, ya cállate, cállate, cállate que me desesperas! ‘  -Kiko
En el caso de Roberto Gomez Bolanos ‘Chespirito’, como el de cualquier otra figura pública que trasciende,  es necesario separar a la persona de su legado, para dimensionar el alcance de sus actos y las maneras en que estos se impregnan en la sociedad en forma de  cultura.
El contexto del auge de Chespirito fue uno mediático, en donde pantallas de todo tipo multiplicaron la actuación de una persona  carismática, la cual  al final  únicamente hacía su trabajo. El genio indiscutible que fue Chespirito trastoca elementos discursivos y estructuras sociales como personaje, que superan por mucho a lo que cualquiera puede lograr sin el asedio de los medios de masa. El chavo de ocho se ganó su proyección en medios, pero la misma fue explotada por fines  mucho más ambiciosos de los que pueda tener  alguien con tanto talento.
Lógicamente, la mediatización de cualquier  fenomeno  implica  a los actores, ya que son ellos los que dan la cara  periódicamente  ante el multitudinario público. Dicho esto, es determinante posicionar a las empresas mediaticas y sus derechos de autor muy por encima de los actores, ya que es la amplificación tecnológica  de cualquier narrativa lo que les da relevancia local, nacional e internacional.
Ahora procederé a  analizar los principales discursos que surgieron alrededor de Chespirito como personaje, los cuales tienen varios ejes  de interpretación socio cultural.
Lo primero es la estandarización del personaje gracias a su  masificación en los medios.  La televisión suele sembrar  en los televidentes conceptos que le son funcionales y rentables, y por eso que los iconos que esta nos arroja sin parar se perpetúan en nuestras mentes. En ese sentido, lo que la TV genera son anclajes simbólicos para nuestras consciencias, que nos fijan ciertas ideas de como son o como deben ser las cosas en donde  nos desarrollamos.
La monotonía deviene de la repetición absurda de lo que sea, y el caso Chespirito no es la excepción. Cualquier  anecdota o chiste pierde su lustre cuando se retransmite  sin cesar, convirtiendo algo bueno en redundante.
Aquí cabe ahondar en  el caso de la población mexicana, la cual  depende bastante de  la televisión para informarse y  colorear su estilo de vida. Pudiere aseverarse con seguridad que la televisión ha gestado una gran parte de la cultura durante por lo menos tres décadas, especialmente eso que llamamos  ‘cultura popular’, en un  país que se olvidó de la  educación básica  en su  prisa por dejar de ser descalzo.
Otro característica interesante es la generación de estereotipos y estigmas, los cuales también suelen resultar de la constante repetición de lo que sea. Además de llevarle risas a mexicanos y demás personas alrededor del mundo, Televisa exportó el estereotipo de nuestra pobreza, la cual con todo y buen humor para paliarla se estacionó en las mentes de millones, que terminaron estigmatizando a la tele serie, como si se tratase de lo  más representativo de la cultura mexicana.
Después está la homologación del gusto que un fenómeno como el chavo generó en millones de personas, los cuales como si se tratase del fútbol, hicieron de su infusión  cotidiana del personaje un dictado  para conformar   sus expectativas estéticas. El chavo les impuso la moda a muchos, los cuales no vacilaron en alinear su forma de conducirse con lo que salía de la pequeña pantalla de sus televisores.
Y que decir del la mitificación del personaje, al grado que se convirtió en héroe nacional de proporciones cuasi religiosas. La despedida de cuerpo presente en el Estadio Azteca fue uno de los eventos de masa más simbólicos que he visto. Para mi, eso fue  evidencia de dos cosas. La más obvia es como el imaginario cultural mexicano está lleno de héroes exprés, esos que pululan debido a la escasez de los mismos en una clase política privatizada, que hace mucho perdió el compás de la nación. El resto de la explicación se rellena con el persuasivo y seductor  poder de la TV, la cual sigue comprobando con creces que es el método de entretenimiento y control más eficaz de todos.
Por último  y no por eso menos  importante está el efecto propagandístico disuasivo  de la prostitución del personaje mientras duró su apogeo, pero también del hecho de su muerte, la cual fue utilizada por la burocracia para avanzar su agenda de distracción en tiempos tan terribles como los de ahora. Sabemos que el contubernio entre política y TV en México es uno de los más nocivos del planeta, por lo que es más que claro que a ambos poderes les conviene alumbrar santos de fantasía, que  les sean útiles en la prolongación de la manufactura del consentimiento que alimenten sus  estrategias populistas de control social.
En ese sentido, el chavo del ocho ‘sin querer queriendo’ se convirtió en propagandista de ese mismo sistema que en varias ocasiones no vaciló en defender como justo. Aquí desafortunadamente no podemos excusar a ninguna persona pública de envergadura de la emisión de declaraciones de peso socio político, ya que al final todo lo que estos iconos culturales dicen influye demasiado en la sociedad.

La armonía tan añorada



La guerra es territorialidad reptil (impulso primigenio violento ligado a la supervivencia) enfatizada con emociones y necesidades mamiferas, todo envuelto del ego sapiens humano (razón y mente que justifican lo que se percibe).
Los arcaicos changos que luchan por una charco de agua en la escena de inicio en la Odisea Espacial de Kubrick son la suma de la supervivencia reptil y las necesidades  mamíferas, que en si son ya una forma de ego incipiente, en cuanto al dominio de las calamidades de la naturaleza que pone pruebas a nuestra lucha por existir y permanecer.
Las guerras modernas  de recursos son la complejización de estadios previos de evolución en el sentido reptiliano-mamifero, que ahora  en un  nuevo contexto de identidades colectivas egoicas humanas, dictan que lo mas ‘razonable’ es defender siempre lo propio y la cultura que lo justifica.  Por eso es que el egoista acaba no compartiendo nada.
Entonces, en vez de dejar que cada quien descubra el por qué de sus propios  apegos humanos, esos que le dictan defender lo que cree le pertenece  -producto de la falta de un profundo entendimiento del ego y el  sedimento animal que subyace-,   preferimos colectivizar y estandarizar sus sueños, y a eso  llamarle civilización. En vez de permitirle a cada quien  su búsqueda de emancipación y auto descubrimiento  -y que eso sea lo que lo  lleve hacia  la autenticidad y la autonomía-  lo reprimimos en pro de la continuidad del grupo.
Le ponemos una identidad única a nuestra tribu, y a eso le llamamos nación. Encima de eso nos convencemos entre todos  que esa marca que compartimos  vale  la pena ser defendida sobre lo que sea, incluso  hasta la muerte. En pocas palabras, esclavizamos a las personas en afán de liberarlas como conjunto, cuando  la mejor forma de ayudarles era no entrometerse  en el camino  hacia su propio despertar individual.
La  necesidad patriarcal de control es mucho mayor al impulso individual de despertar -energías densas de thanatos aplastan brotes de eros sublimes-, y por eso la política y la religión, y en si todo método externo de salvación, está destinado al fracaso. Creemos que un sistema social es mejor cuando lo dirigimos, y por eso truncamos sueños de libertad individual pura, que si solo  dejaramos a la suerte de sus  dueños, iluminarían esos espacios que   facilitarían esa armonía tan añorada…

De alimentación y ciclos naturales



Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo’’
               -Proverbio tibetano
La alimentación, como muchas otras funciones del cuerpo, es un sistema rutinario del cual dependemos para la vida. De eso no podremos escapar mientras compartamos esta tierra, pero lo que si podemos evitar es consumir comida procesada y modificada.
Una de las industrias más perjudiciales es la de los alimentos, ya que las máquinas y sus químicos nos enferman.
Un día común se organiza de forma lineal, pero cuando hacemos mucho caso al tiempo cronológico –ese que habita nuestras mente de forma psicológica– le proyectamos patrones similares a todo lo que percibimos. Por eso vivir así es encarcelarse detrás de prisas lineales que nos distraen de una naturaleza cíclica y recurrente.
Por eso te recomiendo primero que nada que comas despacio, poniendo atención a cada mordida. Después te invito a que te des la oportunidad de ver la alimentación no sólo como nutrición –con sus fórmulas de proteínas, carbohidratos y grasas– sino como una práctica con la que nos reconocemos como uno con la naturaleza.
Eso que comemos se vuelve metafóricamente un hámster, que al desplazarse por tus órganos los va activando, energizándolos con su movimiento. Reciprocidad orgánica le llamaría, ya que lo que viene de la tierra regresa a ella, un preludio a cuenta gotas del desapego existencial al que irremediablemente nos enfrentaremos.
Para entender esto pudiéramos verlo a la inversa, cuando consumimos cosas demasiado densas y procesadas. La carne tarda mucho más en abandonar tu cuerpo que otros alimentos, esos que entran y salen sin dejar rastro como un buen arbitro de futbol. Nos han engañado al pensar que es mejor comer éste y otro tipo de organismos musculosos y grasosos por su supuesta carga nutricional. Es así que lo que acabamos haciendo es forzar a nuestro cuerpo para digerir masas más duras y sebosas.
No te digo que dejes de comer res o cerdo, ni siquiera por motivos veganos o religiosos, sólo te invito a que observes por ti mismo cómo este tipo de influjos cobran mucho más factura metabólica que otros. Una pera no te llenará como un pedazo de carne, obviamente, pero si te fijas detenidamente, te darás cuenta de lo poco que la fruta batalló y tardó para navegar tus cavernas. A largo plazo agradecerás el haberlo hecho, cuando vayas recolectando ese sobrante de energía que estará a tu disposición por no haberte dañado tanto.
Ahora toma consciencia de que entre más caro y codiciado el alimento, más tóxicos suele traer para preservarlo, ya que los mercados para su distribución y consumo han movido a la civilización desde antaño. Todo proceso alterado tarda mucho más en ser ‘descifrado’ por tu organismo, que no nació para funcionar intoxicado.
Prueba todos los grupos de alimentos y su amplia gama de colores. Come granos, cereales, frutas, verduras y plantas, y si quieres también carne, pero no te estanques en lo mismo, ya que lo que se estanca dificulta la evacuación.
Consume lo que se eche a perder pronto debido a su prístina sustancia. Entre más ingiramos cosas que han sido manipuladas para alargar su vida y realzar sus cualidades, más nos someteremos a los designios de aquellos que buscan no más que dinero con lo que producen.
Una vez que te hayas acostumbrado a ver tu alimentación de esta manera podrás tener un mayor control sobre tu peso, ya que la gordura es una consecuencia no examinada de tu forma de comer.
Para eliminar eso que te sobra hay dos pasos. Primero hay que separar al instinto que nos obliga a comer de los estímulos de la publicidad y sus prisas, que desde afuera nos seducen a cambio de nuestra plenitud. Después hay que sentir ese centro emocional que olvidamos detrás de la panza, aquel que acumula sentimientos atorados (inactividad y baja autoestima) debido al quejoso conformismo que sedimentamos por falta de voluntad.
La salud no es la ausencia de enfermedad, como aseguran los que nos examinan bajo el microscopio. La salud es el refrendo cíclico de la conciencia, y sólo lubricándola es como permaneceremos cerca de nuestra esencia, sin necesidad de amarres e intervenciones ajenas. La comida no `cura´, simplemente refina el balance de los ciclos naturales que interpretamos como salud.
Por eso hay que fluir todo el día como el colibrí. Es mejor estar activo en todo momento y no destinar un bloque específico de tiempo para algo llamado ejercicio. Intégrate con el movimiento que nos es propio y déjate llevar.
La liberación es entenderle a los ciclos de la naturaleza de la cual formamos parte. La naturaleza es una maestra muy sabia, sólo necesitamos alinearnos con ella sutilmente.

Los fofi-sanos y la estética como discurso


‘Te presentamos a los “fofisanos”, un nuevo tipo de hombre, un nuevo estilo de vida que atrae a cada vez más mujeres, marcando tendencia en la moda masculina en el mundo.’
-Roberto Barajas, para el sitio web de Fernanda Familiar
No hay percepcion directa, existe un filtro mental para todo, ya que no somos simples espejos que reflejan lo que ven sin juicios de por medio. Para mi la belleza es la capacidad de poder ver, escuchar, tocar, oler y probar lo que sea sin distinciones. No obstante, es posible que la estética si sea algo concreto, que con sus lineas y contornos precisos, se estimule a nuestra mente de cierta forma, seduciéndola a que dispare emociones primigenias. Dicho de otra manera, hay ciertas cosas y fenómenos que nos atraen más que otros, y de aquí es donde nos basamos para emitir juicios estéticos de acuerdo a cierta jerarquía y reglas propias.
La construcción social de la estética y la belleza es otra cosa. Manejar estos conceptos como ‘buenas nuevas mediáticas’, presentándonos lo apropiado a seguir, es adscribirle símbolos, conceptos y significados adicionales a nuestra ya de por si condicionada percepción. Se nos monta otra capa de filtro para que desarrollemos otro ‘nivel’ y gama de percepciones. La intención de los medios es dirigir los juicios del lector y el televidente hacia ciertos fines. Desde el punto de vista económico la persuasión estética no es más que otra forma de segmentar mercados, buscando peinar la masa en busca de todavía más utilidades.
El cuerpo espartano deja de ser negocio, ya que sólo sirve para diosificar ciertas lineas de productos. El fofisano sirve para vender estilos de vida más realistas y mucho más numerosos, esos que van más de acuerdo con la pésima alimentación y sedentarismo de la gente común. Es así que se les invita a los más entrados en edad y kilos a que regresen al paraguas del bienestar de la cultura mediática del consumo.
De la noche a la mañana lo que antes era mal visto ahora es presentado como aceptable por los medios, que sacan del armario a estrellas de cine apagadas y pasaditas de peso para relucirlas, arrojándolas a la palestra con un segundo y grueso disfraz.
La TV construye la belleza como las revistas, pero su poder es mucho mayor. Por un lado trata de convencerte de que te sientas bien como te ves, mientras que por el otro, irónicamente, lanza una perpetua promoción de la peor chatarra y estilos de vida que nuestra civilización ha fabricado. Ulteriormente, la manufactura de las ‘tendencias’ es una arma para controlar a nuestro cuerpo, sus emociones y sus bolsillos. Esto es lo que delinea el guión de su ambiciosa estrategia de mercado.

De selfies y cuantiosos narcisísmos



Primero dijiste que te sentías sólo, y por eso te dieron un teléfono para comunicarte.
Después exigiste más interacción, que porque preferías estar al tanto de todo allá afuera, evitando voltear hacia adentro para encontrar lo que buscabas.
Por eso te pusieron la computadora en la mano, salvavidas de perpetua información que te abstrajo de cualquier obstáculo en tu camino, ese que blindaste con todo tipo de indicaciones para no perderte.
Luego pediste que le adaptaran una cámara a tu amiguito, para fotocopiar esos momentos que por tus prisas ignorabas, jactándote de que comoquiera registrabas todo con tu aparatejo.





No contento con eso empezaste a sacar tus propias selfies, para hacerle saber al mundo que podías -presumiendo que estabas en todos lados- omnipresente cual creador de mundos y tecnologías.
Así personalizaste tu relación con tu maquinita, convirtiéndola en tu entrañable pareja, la cual usaste como cincel para esculpirte cual estatua griega, postrándote sobre esas bellezas con las cuales juras parecerte.
Ya entrado en gastos exigiste tu selfie stick para aumentar el radio de tu indolencia, ya que aseguraste no necesitar a nadie para sacar tus fotos, contento de que ahora podrás incluir a toda tu humanidad y tu grupito en el cuadro, en plena confirmación de narcisismo y certeza.
En el proceso olvidaste que el arte es una cura momentanea a la fijación contigo mismo, imagen perdurable que por aferramiento llevas a donde puedes.

Decisiones


No cabe duda que tomar decisiones es la base del desarrollo personal, ya que si no decidimos nos estancamos infelizmente en el camino. Lo difícil de las decisiones es que siempre nos confrontan con múltiples alternativas de acción y sus respectivos miedos, que suelen ser mecanismos de defensa mentales que nosotros mismos nos ponemos para sabotearnos.
O sea, batallamos para decidir por el simple hecho de que nos aterra el tener que descartar todas las complejas posibilidades que nos llevaron inicialmente a la encrucijada. Preferimos bloquearnos y quedarnos con la incertidumbre, en vez de tener que enfrentar la critica interna por haber preferido cierto camino.
La clave para trascender este dilema es aceptar lo que se escogió como lo mejor en ese momento, de pasada reconociendo que lo que se hizo a un lado no necesariamente era lo óptimo.
Muchas veces nos lamentamos de no haber elegido el otro camino, especialmente cuando el escogido no resultó ser lo que esperábamos. Idealizamos lo que finalmente no seleccionamos, y la ansiedad resultante no nos permite disfrutar de la nueva posición en que nos encontramos, por el simple hecho de haber decidido.
Lo que no escogimos tiene exactamente las mismas posibilidades de éxito y fracaso que lo elegido, ya que ambos son parte del mismo sistema de ciclos y energias ínter conectadas, que desde su propia esencia conllevan a ciertos efectos inesperados.
Al final buena suerte mala suerte quien sabe. Cada camino tienes sus bemoles, y cualquier elección es mucho más poderosa que la indecisión, la cual irremediablemente conduce a la locura.
Hay que aspirar a llegar al punto en que nuestras obligadas decisiones sean lo más sutiles y asertivas posibles. La clave está en entrenarse a ver las encrucijadas de la vida como una oportunidad de crecimiento, y no como obstáculos a nuestra existencia, o arrebatos de nuestra zona de confort.



Efecto multiplicador



No te preocupes, ni pierdas tu energía, tratando de llegarle a muchos con lo que haces.
Simplemente tienes que convencer a una persona, la cual representa esa multitud que deseas convencer. En pocas palabras, convencer a uno es convencer a todos.
Si te preguntas con quien debes comenzar el convencimiento empieza por ti mismo, lo cual te facilitará llegarle a ese uno, espejo tuyo, que reflejará a otros esa certeza que le mostraste.
Llegarle a una persona es el efecto multiplicador, ese que se activa cuando expresas sin grandes expectativas de reconocimiento y gloria.
Si confías en ti mismo los demás confiarán en ti.
Uno significa mucho.

Memoria emocional



Las emociones irrumpen en nuestra mente a través de las memorias, que nos hacen revivir lo que sea en el presente.
Las memorias que revives se sienten como reales, ya que vienen barnizadas con los residuos de las emociones particulares que la experiencia nos hizo sentir en su momento.
Por eso, cuando en el presente traemos a colación alguna experiencia o recuerdo del pasado, no es que realmente quisiéremos repetirla en el presente, si no que simplemente revivimos emociones similares en forma de proyecciones mentales, un flash back imaginario de algo que en su debido momento desbordó nuestras impresiones.
En pocas palabras, las memorias como recuerdos son residuos de sentimientos que se vivieron como profundos, y que por eso permanecen en nuestro interior como memorias emocionales.
O sea, que la fijación del ego, que nos arroja memorias sin cesar, es con el desborde emocional que algo o alguien nos hizo sentir, independientemente de lo adversa o dañina que pudo ser la experiencia.

Pirámide de admiración



Una relación implica enseñar algo y aprender otro.
¿Pero, cómo le hacemos para enseñar algo sin tener que forzarlo?
Cuando ya no hay admiración se estanca la relación, porque ya no hay interés por compartir nada.
Por eso te propongo que veas las relaciones con tu pareja y los demás en base a una pirámide dividida en tres niveles.
La base seria el cuerpo y todo lo relacionado con la salud, las emociones y la sexualidad. Dicha base es el motor de los hábitos, que en torno a una disciplina consciente, posibilitan el desarrollo de una auto estima suficiente para aceptarse a si mismo con lo que ya se tiene de fabrica, y que solo hasta cierto punto es modificable.
El siguiente nivel es el de la mente y el ego, ahí donde se almacenan todas esas ideas de nosotros mismos y se acomodan  las etiquetas que le hemos puesto a cada cosa y experiencia que percibimos del mundo exterior con el que interactuamos. Este nivel es importante, ya que es desde aquí donde podemos establecer el entendimiento fundamental para comunicarnos satisfactoriamente con otros. Aquí aplica el refrán que dice, una química corporal es fácil de encontrar, una conexión mental es muy rara.
La punta y el pináculo de la pirámide es la admiración, o sea, apenas un nivel que existe en potencia, de acuerdo a los actos que ejerces, y como estos pueden influir positivamente en otros, incluyendo a tu pareja.
La admiración te la ganas dedicando tu vida a tus proyectos -decidiendo a su favor-, para que tus pensamientos, sueños, deseos y fantasías finalmente se materialicen.
La admiración es tu regalo para el mundo y ciertamente para tu pareja. Se trata de esos actos que haces desde el corazón, que logran expresarse con autenticidad gracias a que existe una previa aceptación de uno mismo a nivel corporal, sumada al convencimiento mental de que es posible transformar lo que sea. Actuar te permite salirte de ti mismo -auto trascenderte- para conectar con otros.
Para sacarle punta a esta pirámide de la admiración hay dos caminos.
El primero es el más corto y el que el sistema tiene preparado para ti. Aquí los ‘admirables’ son las celebridades proyectadas a través de la TV, esas que emulamos (comprando lo que anuncian), creyendo que con eso adquirimos sus ‘refinadas’ cualidades. Este tipo de admiración solo existe en nuestra mente como algo psicológico, ya que en verdad no hicimos nada más que comprar lo que también muchos otros televidentes hicieron, de acuerdo a ciertos valores realzados y compartidos culturalmente.
El otro es el camino largo, pero el más seguro, e implica desarrollar cuerpo y emociones (primer nivel de la pirámide), para sobre ello montar una mente sana y flexible (nivel intermedio), que sirva como plataforma para desarrollar una forma de vida admirable (por lo menos para ti mismo jajaja).
No olvides que comoquiera que sea, tu cuerpo, tus emociones, tu mente, tus intenciones, lo que consideras admirable de ti, y en si la energía que de todo esto emana, ¡solo será compatible con algunas personas, no con todas!
Entonces, tranquilamente quítate la idea que le caerás bien, le gustarás y serás objeto de admiración de todo mundo!
La libertad máxima es saber que aunque despiertes al máximo de tu potencial humano, siempre habrá aquellos que no se convencerán con lo que eres.
Es por eso que ya no tienes excusa para por lo menos intentar algo distinto a lo que tienes. Eso que sabes perfectamente que deseas cambiar, pero que por complacencia no te has atrevido a hacer.
Simplemente hay que SER en plenitud, dejando que el mismo ejemplo sea el que le llegue a los demás, y que esa admiración sea la magia que te una.

Wednesday, 28 December 2016

El fuego interior



El núcleo de la voluntad humana, esa que  permite transformarnos mediante la toma de decisiones y  los actos que nos definen, es llamado Manipura en el sistema   oriental de los chacras.

Dicho centro se localiza en el plexo solar del cuerpo,  donde se concentran la amplia gama de  emociones y energías que nos componen. Esta  plataforma de despegue de nuestros actos es, en un sentido metafórico, la sede del fuego interior  que ilumina y enriquece nuestras vidas; una fracción del sol que nos vio nacer  y  que desde el espacio sideral  nos recuerda, día a día,  que la voluntad es el camino a la liberación y la trascendencia. 

La voluntad es el motor de la creación y el deseo  la fuente emocional del acto, mientras que el miedo es el tapón emocional de todo - la contraparte del deseo, la otra cara  de la  moneda. En esa línea ambas voluntad y deseo hacen su fortuito encuentro en Manipura. Allí puede  ocurrir una poderosa transformación -lo que algunos llaman alquimia o transmutación- siempre y cuando la persona se permita actuar sin las limitaciones  de su mente egóica, que constantemente elabora justificaciones 'miedosas' para impedírselo.  

Hacer consciencia en manipura es identificar la fuente de las imágenes que pululan nuestras mentes, sean éstas negativas o positivas. De hecho, una manera de distinguir al miedo del deseo  es percibiendo las imágenes que cada uno proyecta en nuestras mentes.  Por lo general el miedo se presenta con imágenes, recuerdos y memorias de errores o experiencias negativas del pasado que no hemos superado y que nos someten a pugnas de juicio y autocrítica interminables. A su vez, el miedo también se presenta como dibujos muy poco esperanzadores  de un futuro incierto que nos aterroriza.   Al final nos da miedo actuar porque  imaginamos múltiples escenarios de fracaso, lo cual termina por socavar nuestras más puras intenciones.  

Por su lado, el deseo se centra en el potencial del presente -no el pasado ni el futuro-, emoción y sentimiento que también tiene el poder de construirnos imágenes seductoras en la mente, como un niño que le jala la camisa al padre para que le haga caso. Ese deseo busca una salida creativa, por eso debe convencer al ego y su raciocinio para que le den rienda suelta.  En este sentido, la vibración que  sentimos con el miedo y su espectáculo temporal es mucho más baja que la del deseo y su show de la inmediatez, ensamble que está ahí para convencer al adormecido ser para que se suelte y  se  deje llevar por su poder transformador. En pocas palabras, los deseos son atractores y los miedos  repulsores.

Hay que abandonar al ego asertivo y calculador en favor de una consciencia más intuitiva y compasiva que intente cristalizar  sueños y  fantasias en actos  tangibles,  convirtiendo al deseo en realidad mediante la aplicación consciente de la voluntad.

Los actos no sólo nos empoderan cuando los liberamos, si no también  cuando reconocemos   sus efectos en nosotros y los demás.  Si absorbemos  sus frutos engrandecemos nuestra presencia,  así integrándolo  todo  a nuestra consciencia y experiencia. De hacerlo así, más fácil sintonizarémos con las frecuencias de los deseos venideros,  con  los que fortaleceremos  nuestro camino de confianza y decisiones. 

En toda ésta dinámica el autoconocimiento es el resultado de nuestros actos y viceversa. Por ello, entre más nos conocemos más fácil es actuar desde el poder de la autenticidad y la actitud,  gradualmente avanzando hacía la autonomía y la autorealización que tanto buscamos como personas. 

¡Por eso encendamos nuestro  fuego creacional actuando!


Monday, 26 December 2016

Y ahí vamos otra vez...




Y ahí vamos otra vez... ¡Ya que se acabe 2016! 
¡Ojalá que 2017 venga mejor y nos traiga lo que merecemos! 
¡Ahora si diosito no nos falles!
Exclamamos frases que reflejan la Esperanza de que algo allá afuera -un cambio de año en dígitos, la benevolencia de un dios que por conveniencia personalizamos, o la simple dependencia en circunstancias ajenas a nosotros- puedan realmente transformar nuestras vidas.
En este sentido, la Esperanza es una forma de procrastinación, donde aplazamos los cambios que sabemos tenemos que hacer internamente, para en su lugar achacarle nuestros enojos y culpas a la fortuna y demás experiencias externas a nosotros.
La verdad de las cosas es que el tiempo es más un fenómeno psicológico relativo que uno sustancial y tangible, y que mejor que el sol para entenderlo. Se nos dice que cada vuelta del sol a la tierra es un año, pero en términos concretos nuestra existencia es muchísimo más reducida y limitada que la de un astro que nunca expira.
Por eso prefiero interpretar cada vuelta del sol por la tierra como un renacimiento de presencia y luz, que nos permiten 'cada año' volver a intentar eso que sabemos tenemos que hacer para realizar ese ser que somos en potencia -con el cual eternamente soñamos- pero que sólo en pocas ocasiones permitimos asomarse.
Te invito a que tomes este 25 de Diciembre como un renacimiento, una oportunidad de oro para finalmente abrir tu corazón hacia tí mismo y los demás.
Con esto no me refiero a la activación del amor romántico comercializado ni a cursilerías similares. Hay que abrir el corazón para convertirlo a la vez en puente y conducto. Puente compasivo para unir las partes reprimidas, más oscuras y materiales de nuestro ser, con la contraparte más sutil y trascendente de nuestra existencia. 
Sólo así podremos entrar en contacto con nuestra esencia más pura, núcleo donde reside el potencial de la pasión que puede por fin transformar eso que deseamos. Este, estimados amigos, es el conducto al que me refiero, la función más sutil y a la vez poderosa de nuestros corazones, la antena de comunicación más natural y refinada posible.
Propongo que cambiemos los telescopios por microscopios, para poder ver con más precisión y detalle lo que tenemos dentro, sustancia que esta ahí latente para ser usada para cambiarnos a nosotros mismos, material que ciertamente será de amplio interés para los demás, los cuales ya se han cansado de escuchar nuestras quejas y esperanzas fallidas por no querer actuar, así fracasando como seres pluripotenciales. 
Deja de esperar a que las circunstancias cambien, o que el viento sea el adecuado para tu navegación.
Conviértete en motor y jamás necesitaras de nada allá afuera para moverte.
Ya no digas ' ¿Qué me van a traer? ', mejor preguntate ' !Qué voy a dar! '
No hay mejor regalo que el que se descubre y se abre aquí y ahora.